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Adolescentes sexoservidoras
Mié, 08 Jun 2011 - 04:00 AM
Estamos ante un problema que afecta a grupos de jóvenes que por diversas razones son obligadas a prostituirse.
Por Redacción/El Diario
México, D.F.- ​El término sexoservidoras juveniles, parece un eufemismo de prostitutas adolescentes; efectivamente estimados lectores, nuevamente estamos ante un problema que afecta a grupos de jóvenes que por diversas razones son obligadas a prostituirse.

 Entre algunas autoridades y “padrotes” y “madrotas”, la corrupción domina un negocio con gran demanda. 
Ahora que se habla frecuentemente en las escuelas sobre la pertinencia de la información sexual que deben manejar los jóvenes, resulta incongruente que miles de ellos ya ejerzan forzadamente una sexualidad que los tiene atrapados.

Escribe la periodista de El Universal, Thelma Gómez, el sábado 19 de marzo de este año: “Sus piernas delgadas se miran aún más frágiles cuando camina sobre los zapatos transparentes que la elevan 10 centímetros.

 Su falsa altura, el intenso maquillaje en los párpados y la blusa que deja al aire sus hombros sólo hacen más evidente lo que busca ocultar: es menor de edad.

 Y no es la única. Organizaciones civiles han detectado que en estas calles del barrio de La Merced, en el centro de la ciudad de México, al menos 400 adolescentes se dedican a la prostitución”.

Se dice que tales adolescentes, con base en la zona en la que se encuentren, cobran de 150 a 200 pesos por un intercambio sexual.

 Señala la periodista Gómez que “las más jóvenes “piden más”, dice Mónica, una sexoservidora que hace tiempo decidió ser “independiente” (es decir, dejó al “padrote”, lo que le costó golpes y amenazas). 

Ninguna de las que son menores de edad están porque quieren. A todas las obligan. A muchas las ponen en la zona de La Merced durante el día y en la noche las llevan a Sullivan”.

Existe una base jurídica llamada Ley para Prevenir y Erradicar la Trata de Personas, el Abuso Sexual y la Explotación Sexual Comercial Infantil, la cual ciertamente poco es lo que ha hecho no sólo para terminar, sino para contener el problema; entre más operativos realizados por las autoridades, el número de jóvenes prostituidas se incrementa.

 “El jueves pasado, por ejemplo, la Policía Federal realizó un cateo en dos hoteles de La Merced que derivó en la liberación de 28 probables víctimas de este delito.

 Ese mismo día, la Procuraduría capitalina consignó al Reclusorio Oriente a un hombre que presuntamente prostituía a su esposa desde que ésta era menor de edad”.

En la Ciudad de México, la prostitución infantil se lleva a cabo en bodegas, loncherías, cantinas, antros, y diversos negocios, en los que usuarios efectivamente pueden comprar los servicios sexuales de menores de edad que no llegan a los 15 años de vida. No les inquieta si son niñas, lo que importa es el ejercicio forzado de una sexualidad que tiene un componente intensamente perverso; es decir, el cliente está interesado en satisfacer sus deseos sexuales como adulto con una menor. Este hecho no se puede ni permitir, ni registrar como un dato más.

“Mónica y Sandra, sexoservidoras de La Merced, han visto cómo en los dos últimos años se han realizado operativos policíacos en la zona.

 Han mirado cómo clausuran hoteles y se llevan detenidas a personas acusadas de trata. “No negamos que sí exista, porque sí existe. A muchas las obligan. A muchas las roban o enamoran y las obligan a trabajar. Pero, ¿por qué los operativos sólo los hacen en La Merced y no en Sullivan, donde también hay muchas menores de edad? ¿Cuántos hoteles han cerrado ahí?”, se preguntan”.

Robadas, enamoradas, seducidas, violentadas, etc. el hecho concreto es que el problema de la prostitución infantil, significa una brutal irrupción en la vida de las jóvenes, para las cuales sus horizontes de vida se terminan salvajemente; por otro lado, el problema es visto por las autoridades, como una “complicación más”; un problema para el cual no sólo no tienen soluciones, sino que las propias autoridades están coludidas y forman parte del círculo que atrapa a miles de jóvenes que han sido obligadas a sobrevivir con base en una sexualidad patológica, enfermiza, enajenante, corrupta y de la cual los cómplices son, en algunos casos, las propias familias que expulsan y venden a las hijas.

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